jueves, 8 de noviembre de 2012

Coacción al laicismo: de cómo nos hacen perder el tiempo


Bien, he aquí unos de los temas polémicos por excelencia en materia de educación: la asignatura de Religión en los centros públicos.

No es original, ni mucho menos innovador, pero quiero expresar mi opinión, aunque ésta sea tanto válida como inválida por igual, como bien dice el profesor de Sociología del Máster de Secundaria, Julio César de Cisneros. Es preciso que deje claro, antes de seguir escribiendo, que, aunque trato de ser objetiva, me resulta bastante difícil ya que baso mis conjeturas en mi experiencia personal con respecto al tema. Pero creo tener razones de sobra para sentirme indignada al respecto. Y cuando digo indignada, lo digo resaltando todas y cada una de las letras de la palabra.

Nunca he recibido una educación religiosa, de ningún tipo. Sin embargo, siempre me han educado para respetar a los demás en sus creencias, sean cuales sean. Mis abuelos son católicos y cristianos. He acudido a misa con mi abuela cuando ellos cuidaban de mi mientras durante toda mi infancia mientras mis padres trabajaban, pues mis progenitores respetaban, como ya he dicho, las costumbres de mis abuelos, y aunque ellos no creen en ningún dios, al fin y al cabo, encima de que se quedaban conmigo, no iban a poner ninguna traba. Cuestión de respeto, como digo. 

Está claro que no es la situación de los centros PÚBLICOS educativos. Resalto el término "público" definido por la Real Academia de la Lengua Española como "perteneciente o relativo a todo el pueblo". Por tanto, por pura lógica, dichos centros pertenecen a TODO el pueblo. Y si pertecen a todos quiere decir que no puede haber ningún tipo de actividad que discrime a nadie, incluso si se trata de una minoría. Está claro que la realidad es bien distinta, y no solo en el tema que aquí se trata, pero no quiero desviarme. 
Así pues, la cuestión está bien clara: destinar un tiempo de horario lectivo y obligatorio (al menos hasta los 16 años), tanto en educación primaria, como secundaria, a impartir una asignatura de Religión católica en un centro público es discriminación. Sobre todo, teniendo en cuenta que hay centros privados y demás instituciones a los que la gente que así lo desee vaya a recibir dicha formación. Por más que lo intente, no entiendo cómo puede ser que en pleno siglo XXI aún se siga dando esta denigrante situación. Parece ser que mientras unos deciden adoctrinarse espiritualmente en su fe, única y verdadera por encima de las demás, otros tienen que perder ese tiempo haciendo cualquier cosa inútil para rellenar esa hora. Y digo inútil porque, encima, no se puede hacer nada concerniente a cualquier otra asignatura o materia durante esa "clase" porque, entonces, estos chicos que no desean recibir la doctrina católica tienen  ventaja con respecto a aquellos que así lo hagan, o así lo dice la ley. 
Para colmo de males, me consta, por experiencia propia y de demás conocidos, que la falta de respeto y  de tolerancia va aún más allá. Puedo garantizar que en centros públicos docentes, podría dar incluso datos, algunos profesores rezan con sus alumnos cada mañana en la primera hora de clase (indiferentemente de qué asignatura sea) y aquellos que no estén de acuerdo, se quedan en el pasillo fuera del aula, por supuesto, esperando a que dicho lamentable espectáculo termine. 

Saque cada uno sus propias conclusiones.

Aquí dejo un artículo del periódico El País, que, si bien en del 2009, bastante ilustrativo.
http://elpais.com/diario/2009/09/30/sociedad/1254261601_850215.html

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